Finalmente se han puesto de acuerdo. Al menos eso es lo que parece. Las presiones de los grupos Clarín y Telefónica ayudaron sin quererlo por una norma que no es la estadounidense, ni tampoco la europea, sino la japonesa que ya se implementó  en Brasil.

 

De manera que en medio de la discusión sobre el real incremento de la pobreza en Argentina y el intercambio de facturas de unos a otros, así como de índices insultantes y provocadores, no sólo hay que volver a hablar de la brecha económica que condena a la miseria a casi el 40 % de los argentinos. Aunque parezca obvio, no por ello hay que perder de vista la existencia de otra brecha educacional y tecnológica, que hace que muchos se pregunten si en el contexto actual tiene sentido hablar de gastar tiempo, gente y recursos en torno a este tema. Primero hay que dar un plato de comida. Luego educación y herramientas, tanto a los usuarios, como a los profesionales de estas nuevas tecnologías. Pero en muchos casos, incluso con hambre de pan, es posible aplacar un poco nuestro estado famélico de ignorancia digital y aprender. Entre otras cosas que  estas tecnologías y su novedad  son una oportunidad para hacer negocios, generar trabajo y comida. Se trata también de decisiones políticas que repercutirán en los hábitos y en el rol que tendrá la Tv en nuestras vidas. No es poca cosa, aunque parezca un simplismo utópico. Brasil se lanzó a realizarlo a través del grupo O’ Globo con el apoyo estatal y no nos olvidemos que la pobreza también oculta el escándalo en nuestro vecino país.

Con o sin pobreza económica, el uso de esta nueva tecnología, como de muchas otras, está condicionado por la inteligencia que exista detrás, del espíritu crítico que no termine de fusilar a la ética profesional. Ventajas tales como la mejor calidad de sonido, más contenidos, interactividad y portatibilidad (accesible para una minoría) no pueden ocultar los inconvenientes de costos, falta de formación y espacio para estos temas en los programas terciarios y universitarios. Tampoco se puede dejar de apreciar que , al igual que en internet y en las radios digitales, en la televisión digital crece la tendencia al discurso fragmentado, al Zapping interno propio de una estética de la espectacularización de todo, donde lo público y lo privado tienen relaciones carnales de manera pornográfica ,y el mal gusto es la norma. La pregunta es ¿mayor cantidad, mejoras en la calidad sonora y visual e interactividad garantizarán una mejora en el contenido de lo que nos tiene cada vez más informados, pero inconscientes de nuestra incomunicación?

 

Recordatorio

No te olvides de entregar los ejercicios on line para el viernes.