Otro de los riesgos del uso sin criterio y desenfrenado de las nuevas tecnologías en el ejercicio periodístico se puede apreciar en ciertos fenómenos en torno a la radio digital. No me refiero a acciones de edición aisladas de mejora digital en producción o recepción.
Hablo de la digitalización de todo el proceso en su totalidad. Son las emisoras que comenzaron en el primer mundo económico a generar recepciones con una calidad de sonido equivalente a un CD o incluso superior. Los diferentes formatos según la región y los costos muy elevados hacen que por estas latitudes se piense que la misma es un sinónimo de radio por internet. Ésta es sólo una de las formas existentes en la digitalización radial y que en Latinoamérica crece con mucha fuerza. No obstante, la magia y riqueza del discurso radiofónico sigue estando en el sonido, en la capacidad que tiene éste de evocar un particular ejercicio de imaginación. Esto es la quinta esencia de la radio. Es su identidad más profunda. Y en ocasiones se pierde frente a la no conciencia de lo que hacemos cuando escuchamos radio. Los sitios on line con frecuencias, tanto de FM como AM, se multiplican y han de competir entre ellos cada vez más. El acento en la "primera impresión visual " por sobre el contenido, lleva a la edición de portales donde la exacerbación de lo multimedia genera que el sonido de la frecuencia quede en ocasiones en un segundo o tercer plano. Somos una cultura audiovisual. Ya no lo somos más de la palabra, escrita o hablada.
Grillas, programaciones, fotos, noticias, chats sepultan a lo verdaderamente importante. Frente a esto existen quienes reaccionan y optan por la estética más minimalista que se pueda imaginar, y se olvidan de la riqueza en la interactividad en su punto justo, a pedido del cibernauta. Cuando escuchamos radio solemos hacer otras cosas porque libremente nosotros así lo disponemos: leer, ver fotos, correr, etc. El punto es que la elección es nuestra; nadie nos lo impone en una primera portada que con estilos recargados nos abruman con estéticas propias de arbolitos de Navidad napolitanos. Necesitamos propuestas claras donde se nos dé el poder de encontrarnos con lo principal y luego, si queremos a través del mause, con lo restante.



