Detectar un problema o una necesidad insatisfecha, así como brindar una solución mediante el conocimiento de las funcionalidades de las diferentes aplicaciones web enabled, no es algo tan complejo como parece. Incluso en un contexto de brecha tecnológica evidente, analfabetismo digital y resentimiento hacia las tics presentes en nuestro contexto. No es privativo el saber instalar las bases de datos. Menos aún saber qué aplicación es la correcta para los objetivos que, en lo comunicacional, se prevean. Tampoco es difícil entender la importancia de crear una estructura de navegación coherente y flexible. Saber dónde buscar las plantillas y extensiones, bajarlas y seguir un protocolo de seguridad en su instalación y configuración, no a su vez es el más complicado. En realidad, todo lo anterior está al servicio del rey de un sitio web: el contenido. Si perdemos de vista esto, el emprendimiento informático estará herido de muerte desde su inicio.
No entender lo anterior lleva a un callejón sin salida. Nos conducirá a elegir mal el proyecto y terminar con frustración. Es por ello que se debe elegir no sólo dar una solución real a un problema real, con métodos de medición de efectividad mensurables (cuantitativa y cualitativamente) y, si no es mucho pedir, a un costo bajo o razonable. Se debe disponer de fuentes de información interesadas en dar contenido, y además de tipo multimedia e hipertextual. No sólo texto, sino también fotos, videos y audios. Si todo esto, a su vez, recaerá en una sola persona, la misma no podrá con toda la tarea, incluso dedicándole toda su vida laboral. Tarde o temprano hará lo que cibernautas, navegadores y directorios web consideran spam: copiar y pegar. ¿Qué opción nos queda? Abrir el juego a otros para que participen de manera segura y moderada. Esto fue uno de los pilares del pasaje de la web 1.0 a la 2.0. Actualmente sigue habiendo resistencias. Bajo la insistente preocupación de la seguridad comprometida que esto implicaría, se esconde el miedo a la creación de contenido pluralista, dialogante y diverso. Si realmente somos enamorados de nuestras ideas, por pocas que fueren, las compartiremos con alegría. En cambio, si en el fondo dudamos de ellas, necesitaremos adeptos a quienes imponerlas con violencia simbólica. Seremos fanáticos de un sólo discurso que aburrirá a todos porque es cerrado y monótono. Y es que la esencia de un CMS, tal y como puede verse en este enlace aquí, es la de gestionar contenido diverso proveniente de diversas fuentes. Cada uno de ellos tendrá sus fortalezas y debilidades. Tendrá un mercado específico. Es por ello que ciertas competencias y "versus" terminan siendo infantiles y ridículas. Cada proyecto tiene una aplicación que le cae justo a medida. Y si este CMS es un Open source (una de las maneras de empezar a clasificar a los CMS que no requieren de programación propia de alto coste económico y operacional), hay comunidades y foros enteros dedicados en un ambiente colaborativo on line a compartir sus conocimientos y experiencias.





